sábado, 15 de noviembre de 2008

EL ESPEJO


Una madrugada, después de ese primer sueño, el más profundo, desperté, el cuerpo bañado en transpiración.
Mi mente atiborrada de pensamientos, buscaba respuesta en los sueños vividos. Me levanté inquieto, mi cuerpo, rebelde con mi mente, sentía contradicciones; me sumergí bajo la ducha, esperando que el frío del agua aclarase mis sentidos. Quedé mirándome en el espejo, me veía como siempre con sensaciones distintas.
No sé cuanto tiempo estuve frente al espejo apoyado con las manos en la pileta. Me detuve a observarme, el cabello teñido en canas, la frente cruzada por arrugas como cicatrices de batallas pasadas, mis ojos, que sin dar cuenta comenzaron a mostrarme momentos de esa lejana niñez .
Me encontré junto a mis amigos. Habíamos formado un círculo, librábando una encarnizada batalla para proteger nuestra caravana, moríamos tan rápido como renacíamos para seguir disparando, nuestras balas eran infinitas como aquellos indios que nos atacaban, una lucha desigual e interminable.
Pronto conducía una diligencia, con gran osadía escapaba de bandoleros que querían apropiarse del dinero que transportaba; como relámpago me convertí en pirata ocultando algún tesoro en una isla lejana, para luego ser corredor ,más tarde policía y en un instante doctor y soldado, conductor de camiones, trapecista , domador, ,piloto, buzo. Me encontré solo en una gran ciudad siendo el único sobreviviente a un holocausto nuclear, y así fui transitando aventuras, por momentos solo y en otros con amigos, pero siempre luchador por el bien y la justicia.
Entonces me reencontré en el espejo, las vivencias todas allí, en mi interior. Miré el reloj, sequé mi rostro, apagué la luz.
Mi mente seguía encendida con todas aquellas imágenes; pensé en dormir, mañana debo sentarme frente al monitor y vigilar aquellos que están en la tienda.


©Andrés Rodríguez

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