sábado, 11 de octubre de 2008

RENACER


Inexorablemente llegaba la noche, plagada de fantasmas que no querían marcharse (o él no los dejaba), de una u otra manera eran su única compañía.
Hacía ya tiempo estaba solo, sus hijos formaron familia y emigraron, hacia horizontes distintos; por ese motivo los veía de tanto en tanto, nunca juntos como antaño.
Los días transcurrían en rutina, los amigos se marcharon acentuando la soledad.
Habitaba la casa en las afueras de la ciudad, por únicos compañeros sus perros y el canto de pájaros y grillos,
Un día ahogado en soledad salió, sin darse cuenta que comenzaba un viaje por los recuerdos.
La primera parada fue el bar, donde todas las semanas se reunía con los amigos hasta el amanecer; ocupó la misma mesa, testigo de irrepetibles momentos.
Después del café retomó el camino en un circuito interminable de vivencias.
Las calles mostraban melancolía, los árboles desvestían ropajes amarillentos y naranjas.
Recorrió la plaza una y otra vez en búsqueda de un rostro amigable, anduvo por horas rodeado de recuerdos, para retornar a su casa y enfrentar la soledad.
Al día siguiente al levantarse algo había cambiado.
Se sintió inquieto, inconforme. Lo de antes ya no le servia.
El día anterior en su viaje se había desprendido de los fantasmas que por tanto tiempo lo acompañaron.
Ya estaba listo para comenzar un nuevo camino.


©Andrés Rodríguez

1 comentario:

Marta Alicia Pereyra Buffaz dijo...

Me gustó tu blog.
Lindo cuentito. Me agradan los breves. Imágenes originales.
Te espero por mis letras.

Un abrazo virtual.