sábado, 18 de octubre de 2008

ARBOLES CASA ADOQUINES


Caminar sin rumbo ni prisa, sólo deseo de dejar transcurrir el tiempo. Sin destino andar por calles transitadas en otros momentos, disfrutar el paisaje; observar, sólo observar. Me urgía ver y disfrutar cada instante.
Vagar sin rumbo fijo, quizás era la primera vez que lo hacía, otrora fue diferente. Necesitaba sentir el transcurrir de las horas.
Transité calles, llegué a encrucijadas, tomé atajos, por momentos estuve perdido reencontrando la senda.
Recordé, en una de esas calles, los árboles que la adornaban. En aquel tiempo eran frágiles ramas, hoy frondosos y añejos dueños de las veredas donde acumulaban sus hojas en diferentes colores.
A los márgenes la arboleda, en custodia, los viejos adoquines. Por momentos ordenados en perfecta simetría y en otros con profundos baches, en algunos lugares faltaban y en otros puestos al boleo.
Los árboles, las calles, esos adoquines, custodios de las casas. Algunas castigadas por el tiempo, otras hermosas y bien cuidadas, entremezcladas aquellas que recién comenzaban a formar parte del paisaje.
De regreso me detuve en la plaza, me senté a disfrutar la frescura del atardecer, recorrí mi vida. Como aquellos árboles, de una frágil vara en un fuerte adulto. Me vi en sus casas, sentí que el día que me marchara dejaría una huella perdurable como esos adoquines.


Andrés Rodríguez

1 comentario:

Anónimo dijo...

A veces pienso que de algún modo me gustaría dejar una huella en este mundo,una perdurable, creo que de cierta forma todos dejamos una aunque algunas son mas visibles que otras como las de las raíces de los arboles en la acera. En fin me gusto como se iba desarrollando la corta historia. adios :p