domingo, 14 de septiembre de 2008

UNA RESPUESTA


Era una tarde cualquiera, un día como otros, de esos días de intrascendente banalidad. Salimos a transitar la ciudad. Habíamos tenido algunas palabras, fuertes algunas, otras dolientes; los dos tratábamos de acomodar en la mente los resquicios de la batalla verbal. A ambos nos pesaba la angustia, la incomprensión Caminamos en silencio, él hablaba por nosotros. Sin miradas, ésas se habían marchado, no nos atrevíamos a rozarnos siquiera. Cada uno se había refugiado en lo más profundo de su coraza, sin saberlo, habíamos comenzado a transitar sendas diferentes. Había llegado el momento del adiós, no teníamos el valor de decirlo. Ambos en el interior luchábamos por borrar momentos felices, los tiempos se acortaban la tarde llegaba a su fin como nuestro andar, nos detuvimos la mire a los ojos, ella quiso rehuir la mirada, no pudo, mirándonos a los ojos nos dijimos adiós, ya sin palabras, sin reproches comenzamos a alejarnos, nunca mas la vería, pero aún guardo en mi su mirada y en ella la pregunta que hoy todavía no pude contestar.
PORQUE MI AMOR


©Andrés Rodríguez

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