domingo, 21 de septiembre de 2008

AYER, HOY Y MAÑANA


Trascurrían, los últimos años de su vida, estaba ya en la famosa tercera edad, hacia poco tiempo la jubilación estaba a su puerta y también su realidad.
Trabajo desde los primeros años de su vida, en la primaria, al salir de segundo grado, canasta al brazo, solía recorrer las calles entregando el pan de la panadería del pueblo, su salario por cierto escaso, pan para la mesa de su casa y también alguna que otra factura sobrante del día anterior.
Caminando fatigosamente con su carga a cuestas, iba deletreando, repasando la clase del día, tenia a su corta edad esa chispa interior que lo acompañaría por largo tiempo; en claro estaba, a la vida hay que ganársela y el estaba dispuesto a presentar lucha, una lucha cruel , desigual a esa corta edad, pero su afán superaría todas las barreras.
Así entre el colegio y el trabajo fueron pasando sus días, fue creciendo, capitalizando conocimientos y asimilando errores, aprendió que si debía tener algo solo dependía de el, contaba con esa fuerza interior que arremete y empuja desde adentro, desconociendo abetares y sinsabores, debía timonear su vida para llegar a aquel lejano puerto.
Fueron pasando los años, subiendo por momentos peldaños de a dos y en otros casos cayendo de a cuatro.
Su adolescencia transcurrió con soltura, dueño de esa experiencia única que se gana en la calle y atesoramos en la vida.
Se enamoro infinidad de veces y otras tantas perdió el amor.
Pero llego a su puerta aquella que lo acompañaría, fueron tiempos de lucha, alegrías y sinsabores, ella pronto lo dejo solo, le dejo el maravilloso regalo de ese amor, sus hijos, que lo acompañarían transitando los años venideros. Sin darse cuenta transcurrieron los años, hoy la vida nuevamente trajo dolor, pero también su recompensa , un amor , como aquel que en la adolescencia soñó, amor respetado profundo en inteligencia, dotado de paz, para deleitarlo a sorbos y paladearlo en cada instante.
Hoy la jubilación, tercera edad, últimos años del camino, también los seres queridos y el respeto de quienes te conocen y acompañan, hoy también esa chispa que nunca se apago y brilla con la misma fuerza en tu interior a cada instante.


©Andrés Rodríguez

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