sábado, 9 de agosto de 2008

FANTASMAS DEL AYER


Ha terminado la semana, la rutina diaria ha concluido. Comienza el no saber, el vacío se acentúa, todo silencio asfixia, en la casa resuenan voces y fantasmas del pasado. Escapando de todo salgo a caminar sin rumbo ni horizonte.
El trajinar es diferente, nuevos actores se suman; ausente el bullicio de días de actividad la ciudad se muestra apática e indiferente para los que la transitan, cada uno con sus historias y pesares.
Me siento en un bar, pido un café.
No hago más que observar el entorno, pendiente de aquellos que transitan tiempos como el mío, algunos con la mirada perdida, otros leen un diario o libro, aislados. Parecen autómatas.
Qué esperan ellos, qué espero yo, deseos, anhelos, ansias que podamos realizar. Somos multitud, cada uno en su propio desierto.
Café, otro cigarrillo, el diario, hastío.
Dibujo palabras en una servilleta estampando destierros, renaciendo aspiraciones.
Por momentos siento que todos somos actores de una tragicomedia.
Me detengo en cada rostro, cada mirada, a la búsqueda de alguna señal que no se produce, junto a mí transita la soledad. Aun así persisto, no me resigno seguir este camino.
El día se acaba, todo sigue igual; el tiempo pesa, una cena con la soledad, cansancio, el regreso.
Abro la puerta, dentro, los fantasmas se niegan a abandonarme.
Dormir, en los sueños tal vez obtenga alguna felicidad.



©Andrés Rodríguez

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