domingo, 17 de agosto de 2008

AQUELLA VENTANA


Desde aquella ventana, sólo podía divisar una pequeña porción de cielo salpicado por alguna nube errante, que llegaba con la fuerza de sus más íntimos deseos.
Los días atravesaban su vida con la severa lentitud de la espera.
Con la luz sólo horas de tedio, al llegar la noche se dormía observando alguna estrella que se colaba por el minúsculo cuadrado en aquella pared. Sólo alguna estrella nunca una luna
En la noche todo cambiaba, ya en sueños, su espíritu huía a través de la ventana a recorrer lugares.
Espiar a su hijo que hacía años no veía, ver a su madre, compartir con sus amigos una que otra copa, compartiendo alguna historia o sentarse a la vera del rió a observar aquella luna que se niega a cruzar su ventana.
Noche a noche, sueño a sueño, trascurrían sus tiempos, que le daban fuerza para sobrellevar su carga.
Durante el día, recostado en la cama repasaba su vida una y otra vez, justificando a todos aquellos que ya no lo venían a ver. Sólo lo distraía un casal de jilgueros que diariamente llegaban a la ventana y le regalaban libertad.
Hora tras hora recostado en esa cama que había llegado a odiar, recordaba momentos cuando disfrutaba la vida en plenitud.
Ahora dependía de los enfermeros para comer, arreglar su almohada o abrigarlo si tenia frío. Toda su vida cambió aquella noche, a partir de allí fueron todas pérdidas, nunca más sumó.
Hoy la espera y aquella ventana por donde cada noche escapa a vivir un sueño.


©Andrés Rodríguez

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